Astillado el corazón del último naufragio,
las telas de las velas me envolvían como a recien nacido,
pudiera ser que cuando algo quiebra nace otro ser,
quizás atropellados por las prisas del destino.
No tengo nada que temer y en cambio estoy temblando,
las palabras que me hirieron ayer ya no me hacen daño,
sólo pienso en escribir, en dejar todo marcado,
las huellas, las cicatrices, el hosario.
Reviví después de liar mi cabeza con falsas promesas,
me autoengañé y viví disimulando,
ya más no lo haré.
Choqué con fuerzas que se me escapaban de las manos,
analicé mi porvenir y me reconforté,
con lo que pudieran ser malos tragos,
no resurgí de mis cenizas ni quiero hacerlo,
estoy bien como estoy.
No quiero llegar más lejos de lo que he llegado,
cinco minutos de gloria en la larga cola de espera,
por no hacer resquebrajar mis nudillos contra la pared.
Puede que por una sola vez no hable de ti,
y es que no vienes al caso,
naufrague solo y solo salí a flote,
mis castillos de arena en el aire eran sólidos,
pero no lo suficiente como para enfrentarse a un huracan,
por eso ahora me escondo en mi agujero,
puedo ser muy cobarde,
pero así me enfrento a la realidad.
Pakorro-31-12-2010.
Escribe un comentario
Los comentarios están cerrados